viernes, 29 de mayo de 2009

Epilogo

Esta fue mi vida hasta despertar a otra nueva, mucho más luminosa y feliz, aunque no exenta de problemas y dolor, pero la vida es así.

Pasamos momentos tan duros como extremos, pero juntas y con mas fuerza que antes hemos logrado salir en cada uno de esos momentos, espero que se me perdone si esto me lo guardo para mi, aunque si puedo contar unas pocas cosas mas, Azu, mi Ama fue la primera en leer cada una de estas líneas, bueno unas veces las ha leído directamente, en otras se las leí yo, y como debe ser, en distintas posiciones de todos conocidos que adoptamos las sumisas y esclavas al tiempo que beso sus manos o pies en agradecimiento a las caricias que tiene a bien regalarme.

De aquella primera noche que pasé con ella, no puedo más que acudir a mi memoria, pues ese ha sido el deseo de mi Ama, así que allá va.

Era mi primera vez, solo que en lugar de con un chico, era con Azucena, hasta unos minutos antes, hubiese jurado que era ajena a todo lo que sentía hacia ella, pero los conocía aun mejor que yo. Se había reído cuando la pregunte si yo solía hablar en sueños.

Tiernamente me condujo a su habitación para amarme, hasta que cansada y rendida me dormí en su abrazo. Al despertar sentí como me acariciaba el pelo, y aunque quise disfrutar de sus caricias, abrí los ojos para verla, ahí estaba ella, me parecía aun mucho más guapa que antes, no era ya un ángel, sino una Diosa, la más grande de todas.

Con esfuerzo miré la cama donde yacíamos juntas, sentí un beso en mi frente que me hizo ruborizar, la mire y mis ojos se perdieron por la habitación mientras sentía nuevamente el rubor adornando mi cara, vi su pie, asomar entre las sabanas cuando tomo mi cara entre sus manos y me volvió a besar, esta vez en la boca, sentí nuevamente estremecerse todo mi cuerpo, de mi boca escaparon unos cuantos jadeos, reuní fuerzas cuando me dejo libre de su abrazo, y no sin perder el equilibrio un par de veces, logre sustentarme a cuatro patas sin nada que tapase mi desnudez, me acerque a su píe y deje salir el deseo de besárselo dedo a dedo, agradecida por haberme hecho suya. Ella una diosa, y yo una simple mortal que tendría la dicha y el privilegio de poderla adorar todo el tiempo que Ella me permitiese.

Pare cuando Ella salio del dormitorio, cuando regreso me puso un collar azul y de el una cadena, no puedo contar como me sentí, simplemente no encuentro palabras para hacerlo con exactitud.

Hoy es veintisiete de mayo del dos mil nueve, tengo veinticinco años, muchas cosas pasaron, como ya dije, soy esclava y perrita de mi Ama, ante todo, la confianza y amor es la base que nos une y en mi vida no solo esta Ella, sino amigos y un hermano ejemplar y muy sufrido, digo esto ultimo por todo lo que le hice pasar, y no solo en mi infancia, pues el conoce mi situación y condición. Dicen que nadie es perfecto, pues bien, por amor me sometí a alguien que para mi si lo es, mi Ama Azucena. Tuya soy, y hasta que decidas lo contrario.

Beso tus manos desde mi desnudez mientras lees estas líneas antes que las publique si son de tu agrado y satisfacción, pues arrodillada me tienes, no por obligación ni por falta de más opciones, sino como tú lo deseas, desde mi libertad para escoger a cada minuto seguir siendo tuya, eres Dueña, Ama y Señora de todo mi ser, y eso no es por libertad que lo escojo, sino por necesidad de estar junto a ti el resto de mi vida.

Mi único deseo, adorarte como hasta ahora en estos ya siete años, siete veranos a la sobra del roble en el jardín, y si nada lo impide, muchos otros quedaran por venir. Hasta cuando llegue el momento de que sean nuestros restos incinerados los que descanses bajo sus hojas, tal y como las dos lo queremos
.


AGRADECIMIENTOS

Agradecer a Amo José y al Señor Grimbergem, tanta amistad, cariño y apoyo mostrado desinteresadamente en estos últimos años, sin Ellos no habría terminado nunca estos relatos, anteponiendo siempre la amistad la condición de Amos.

A mis dos mejores amigas Julia y gloria que siendo esclavas del Señor José, las considero como mis hermanas y mis referentes de cómo me gustaría llegar a ser como tal esclava.

Por descontado, a mi hermano Javi y a mi mas antiguo y querido amigo, sin ellos no se que hubiese sido de mi.

Y a mis más recientes amigos del canal #risas_y_bdsm , sin ellos no hubiese logrado crear este blog.

la vida de una esclava VII

Las notas musicales procedentes del piano, fluían cálidamente por el comedor del restaurante, como todo el ambiente en general, invitaba a la charla intima que sostenía con mi mejor amigo, por una vez me había hecho caso, claro que esta vez había tenido la ayuda de su novia Silvia, entre las dos, conseguimos que se vistiese de traje y corbata, las dos vestíamos de largo, yo tenía puesto un vestido de color azul que dejaba la mitad de mi espalda al aire, y el pelo suelto, cubría buena parte de la desnudez, unos zapatos abiertos de tacón fino y unos delicados pendientes que hacían juego con el anillo y el collar regalados por mis amigos cuando alcance la mayoría de edad, hacia ya dos años, Silvia besó tiernamente a su novio, luego me miro y los tres sonreímos.
Habíamos pasado la velada charlando amigablemente sobre casi todos los aspectos de nuestras vidas.
Había mucha diferencia, el amor que él había sentido hacia mí, era un recuerdo, ahora, los dos éramos felices, pues mis depresiones eran ahora muy escasas y de poca consideración. Eran buena pareja y hacían bien en casarse, y eso justo estábamos celebrando.

El con su traje y ella con su vestido rojo hacían una hermosa pareja. Cruce mi pierna izquierda sobre la otra, baje mi mando para acariciar la pulsera con las iníciales de Azucena, tenía el cierre soldado con el fin de evitar que nadie pudiera sacarlo, era una joya del mismo materia que mis pendientes, las letras producían un sonido suave al caminar, como esas campanitas que ponen en las puertas de algunos comercios, en resumen, era la señal Con la que marcaba a sus esclavas, aunque en este momento solo había una persona que la llevase. Me valía acariciarla para que cualquier tristeza se me pasara casi de forma inmediata.
-¿Y para cuando te veremos con pareja, Marta?
-Yo por ahora me conformo con verla alegre y feliz, que mucho pasamos juntos en tan
Poco tiempo.
Yo sonreía dichosa, únicamente tenía el fastidio de no poder contar sobre mi condición de esclava y lo feliz que era.
-Si, amor, viendo a marta, no me la figuro sufriendo tanto en el pasado. Joven, guapa, simpática y risueña como se la ve.
-¿Te escuchare cantar, martita?
-Si… claro, Silvia, conteste yo sonrojada.
Pero no te creas que sea para tanto, tienes un novio un poco exagerado.
-No es cierto y lo sabes Marta, tantos años que nos conocemos, que no me puedes engañar
- oye, me tienes que decir como lo haces, Marta.
-¿El que, Silvia? – pues que lo tienes todo, hasta terminaste la carrera antes de tiempo, y tiene fama de ser difícil, así que no me puedo imaginar cuanto más el hacer dos años en uno.
-Va, solo es peritaje, además, teniendo la profe en casa y en el trabajo, tiene mucho menos merito.
-Supongo, Azu y tú sois grandes amigas, ella estudió ingeniera, ¿no?
-ajam, de caminos, respondí llena de orgullo y rubor a Silvia.
Y mis recuerdos volaron por mi mente haciéndome recordar una noche de agosto cuando tenía dieciocho años.

Aquel verano, era el segundo que pasaría trabajando y viviendo con Azucena. Concretamente, recordé la noche de un sábado al regresar a casa, las dos juntas, después de varias de fiesta. Había pasado la noche mirando a Azucena, se lo estaba pasando bien, reía y bailaba despreocupadamente, por supuesto en la empresa, era raro verla así, aunque siempre tenía un trato amable con las personas a su cargo, aun cuando tenía que reñir a alguien, no levantaba la voz, pero en aquella noche, su apariencia seria no se veía por ningún lado, al igual que yo con mi amigo, ella conocía a José desde la más tierna infancia, el tenia algo en la mirada que daba miedo, su expresión era cálida, y su trato, aunque amable, imponía respeto.
La amistad e intimidad entre los dos era palpable, perfectamente visible una complicidad mutua. En varias inspecciones al local, pude ver a varios hombres mirándoles, era patente el magnetismo de aquella mujer por la que yo deseaba y estaba dispuse a dar lo que fuera y lo que me pidiera, me estremecí al pensar en su rechazo si se enterase, y decidí no contarlo nunca a nadie, pasaría la vida junto a ella como amiga hasta que ella decidiese crear su familia o se cansase de mi. Pensando y reafirmándome en estas cosas, baile con José unas cuantas veces, al igual que con algún otro conocido que aparecía de forma imprevista, no estaba triste, pues me era difícil ese estado de ánimo con Azucena cerca de mí, pero si algo ausente.
Decidieron dar la noche por terminada, de regreso a casa lo pase en silencio y algo tristona mientras miraba a mi amada amiga conducir en la noche. Llegamos a casa y nos sentamos en el sofá del salón.
- Marta, vida, siéntate aquí.
La abrace por la cintura y recosté mi cara sobre su hombro, ella comenzó a acariciarme el pelo y habló.

- Me quieres mucho ¿verdad?
- Ajam
-Y no solo como amiga, ¿me equivoco?. No respondí pero comencé a tiritar.
Tesoro, no te alejare de mi por nada, tranquilízate, todo mi ser la obedeció instantáneamente, luego me dio un beso en la frente. Yo también te quiero, vida. ¿Sabes cariño?. No tienes porque entristecerte, algunas personas sienten igual que tú cuando te tumbas cerca de mis pies, es complicado aun siendo mayor el aceptar ciertas cosas, pero cuando se lleva en la naturaleza no se puede evitar, nos confunde las primeras veces, luego cuando lo aceptamos, nos asusta o nos avergüenzan hasta que nos aceptamos a nosotras mismas.
Hubiese preferido verte reconocerlo a ti misma. ¿Prefieres que deje de hablar, corazón?.
- N….no -¿Segura, vida?, no quiero forzarte a nada – No lo haces, Azu.
Me tomo la cara, acercando la suya a la mía, me beso en la boca y su lengua se vio con el camino libre a través de mis labios, ya no fui capaz de decir ni una sola palabra, me sentía otra persona distinta a quien había sido hasta ese momento, luego se separo de mi y volvió a besar mis labios tiernamente, apenas rozándolos, se estremeció hasta mi alma, mi corazón parecía el de un pajarillo de lo veloz que se movía.
La luna, aunque atenuada por una nube, irrumpía en el salón bañándolo todo a nuestro alrededor. Había pocos sonidos, los grillos, cigarras y alguna lechuza en busca de comida, todos se apagaron, incluso mis jadeos se calmaron cuando hablo otra vez.
-Tu cuerpo reacciona al verme o al escucharme, tu mente piensa en mi y te alegra o entristece dependiendo de presencia o ausencia, ¿verdad, amor?
-ajam
- ¿Sabes lo que eso significa?
- que solo puedo vivir contigo, soy tuya, Azu
- Hace tiempo que lo eres, vida, pero únicamente porque tu lo quieres, y lo seguirás siendo mientras así lo desees
- tu…. Lo dices por compasión.
- jamás te diría algo sin sentirlo o quererlo, eres la chiquilla mas encantadora y cariñosa que conozco, vida, te quiero para mi.
- psss, haz de mi lo que quieras, lo que más deseo….. - como los esclavos del mundo antiguo, ¿crees que no me di cuenta, amor?, y lo serás, para mi. Me perteneces y no lo quiero de otra forma.

miércoles, 27 de mayo de 2009

la vida de una esclava VI

Sentía como el agua aumentaba el peso de mi ropa, causando esa sensación tan incómoda cuando por sorpresa te cae un chaparrón, el pelo lo tenía alborotado, y para completar el ridículo, estaba espatarrada. Como se suele decir, estaba hecha un adefesio ante los ojos de Azucena, que mantenía sobre mí una mirada entre la sorpresa y la diversión.
- Parece que venimos por una princesita y nos topamos con una ranita jugando en su charca.
Ni que decir tiene que me sonroje por completo, pues se repetía la escena, trate de incorporarme, pero resbale en el agua, para cuando Javi me socorrió, ya había quedado de manifiesto cuan patosa podía llegar a ser, aun así, toda mi vergüenza pasó junto al resto de sensaciones que tenia.

A la media hora me había duchado y vestido, y para mi sorpresa, Azucena me pidió que la dejase peinarme, sus manos acariciaban mi pelo a cada pasada del cepillo, y yo con los ojos cerrados, era feliz como nunca en mi vida. Nos montamos en el coche, y como a la media hora sin siquiera saber a dónde nos dirigimos, llegamos al aparcamiento de un bar retirado a las afueras de la ciudad.

No lo pude evitar, de mi garganta salió un grito de sorpresa, cuando la puerta de comedor trasero se abrió. Estaban todos, mis amigos del trabajo charlando entremezclados con los compañeros de clase y la pandilla que solíamos pasar las fiestas nocturnas del fin de semana. No faltaba nadie. Del techo, colgaba una pancarta donde se leía… gracias por dejarnos ser parte de ti. Los aplausos resonaron en la sala tan altos como intenso se hizo mi rubor.
Poco a poco, el alboroto, se transformo en el inevitable cumpleaños feliz y llenando mis ojos de lágrimas, me sentí pequeña y tremendamente feliz. Todos mirándome mientras que Azucena impedía tiernamente que ocultase mi cara a los asistentes. Echaba de menos la presencia del mejor y más antiguo amigo, hasta que terminada la canción, se hizo un pasillo entre los asistentes a la fiesta, y en el medio de ese corredor, apareció, y junto a él, la persona más alta que conocía y uno de mis mejores amigos, parecían el punto y la i, cosa que me saco una sonrisa, sentí alejarse a Azucena, lo que me produjo un gran desconcierto y decepción, pero mi hermano ocupó rápidamente el lugar que había dejado vacio la retirada de Azu, aun así, sentí un pinchazo de mi estomago como queja de su marcha.
- Marta, cariño… puesto que tú eres un regalo para todo el que te conoce, déjanos regalarte algo a ti. Y abriendo un estuche pequeño, colocó un anillo en mi dedo, la impresión me dejo helada, incluso pare de llorar, era una preciosidad, pequeños diamantes rodeaban tres esmeraldas engastadas e un delicado anillo de oro blanco, seguidamente me dio un beso en la mejilla, al fondo sonó una voz.
- Los demás también queremos besos y abrazos de ese angelito, barios rieron cuando mi amigo se enrojeció.
Tenía el alma llena de alegría y felicidad el corazón, pero mi cara enrojecía como pocas veces lo había hecho. Cuando aquella mole se acerco con otro estuche aun mas grande.
- ¿No que, gorrioncin?, yo movía la cabeza negando, pues tenía pinta de ser otra joya cara, y la verdad, lo más valioso para mí era el cariño de aquellas personas. El tenía fama de tener mal carácter, muchos le temían, no en vano era la primera vez que dejaba a alguien pataleando de un perchero hacia cosas similares cuando lo hacían enfadar. Y aun así, todos reconocían que era más cordial desde que nos conocíamos, le cambiaste, marta, me solían decir, y el respondía con una especie de gruñido amenazador saliéndole desde la garganta.
- Mira marta, continuo diciendo, sabes que no me gustan mucho este tipo de cosas, así que no lo pongas mas difícil, que no hay retrovisores, pero si percheros. (en una ocasión insistí en darle un beso a la vez que le gastaba bromas en el descanso, termine colgada de un retrovisor de excavadora por la capucha de mi anorak). Le saque la lengua a modo de respuesta, y con una sonrisa me acarició la nariz.
- bicho, dijo al tiempo que habría el estuche, como tu eres una joya de por si, y te regalaron otra…, aquí esta la tercera, y saco un collar con colgante a juego con el anillo, me abrazo dando un beso en la coronilla para después acariciar el pelo de mi flequillo, como solía hacer, después me coloco el collar en el cuello y me volvió a besar, me saltaron las lagrimas de alegría otra vez, y me abrace a su cuerpo. Fue en ese momento cuando la escuche, ella me había cantado esa misma canción en su casa algunas veces cuando me veía triste, si Azucena era guapa, buena e inteligente, su voz al cantar no desdecía en nada de todo aquello, tenia potencia sin dejar de tener un tono dulce, y ahora, después de una eternidad para mi, volvía a escucharla…. Esos ooojos negrooos, no los quiero ver llorar….
Cuando termino, Javi se acerco a ella y tomo el micro…
Seguro estaría planificado, porque un amigo mío, que había estudiado en el conservatorio, se acerco aun piano llevando unas hojas que situó sobre el instrumento.
- Por favor, dijo Javi, por favor, y el murmullo paro otra vez, yo no se cantar ni tengo voz como Azucena, así que voy a pedirle que cante otra canción, pero esta vez a dúo con marta.
- Haber si se nos muere de un sofocón, todos rieron al comentario de Lorena.
-Por favor, repitió Javi, todos conocemos a marta y el hecho de estar aquí hoy celebrando su mayoría de edad, aun a pesar de tantas obligaciones, demuestra el cariño común que la tenemos.
Nuevamente aplausos que me elevaron por las nubes a la vez que incendiaban mi cara, esta vez me escondí entre los brazos de Javi.
Haber, por favor, darla un respiro, que no podrá cantar, como decía, la conocemos todos, y seguro que compartiréis totalmente la letra que nos cantaran las dos, no recordaremos el pasado, creo que la letra expresara lo que todos sentimos hacia ella.
Azucena me acerco al piano llevándome con su mano alrededor de mi cintura. Tarde en poder reponerme, no quería defraudar a nadie, pero una vez que escuche mi voz junto a la de Azucena, me fue sencillo seguir.
Chiquitita sabes muy bien…

Sin duda, esos ojos negros, de Duncan du y chiquitita, de Abba, siempre me serán muy queridas…
¿Qué había hecho yo para merecer tanto cariño? En aquel momento, cantado junto a Azucena, vi a mas de una persona intentando limpiar o contener lagrimas, hasta que las mías me impidieron verles por mas tiempo, mi voz no tembló, pues era gratitud, cariño y felicidad lo que me había llorar, sobre todo eso amor por Azucena.

martes, 26 de mayo de 2009

la vida de una esclava V

Octubre, comienzan nuevamente las clases, eso supone que termina nuevamente mis prácticas de empresa, abandonar los teodolitos, a mis compañeros a los cuales llorara mi corazón, y lo que es peor, a Azu, a la cual entregaría gustosa mi vida, pues estoy totalmente enamorada de ella. El vivir a su lado, en su casa, las dos solas, curó mis dudas, tengo dos cosas por las que angustiarme. La primera separarme de ella y la segunda, que me rechace si llegase a saber lo que siento por ella.

Hace unos días, no se como, terminamos a cojinazos la una con la otra, yo perdí, termine muerta de risa, tirada en el suelo de espaldas y con ella sentada sobre mi, inmovilizándome manos y pies, las risas eran medio fingidas en ese momento por mi parte, no era por ocultar nada, sino por justificar mis lagrimas, estaba llorando, llorando por lo bonita que era, llorando por tener un corazón demasiado pequeño para sentir tanto amor y con tanta fuerza, por tratar de esconder la excitación que sentía desde hacia rato.

La pelea, tengo que reconocer, era mi culpa, quería ser suya, quería sentirme su prisionera, deseaba tener que sentirme obligada a atenderla en cualquier necesidad. En definitiva, quería y deseaba ser su esclava, me explico, en relatos anteriores, comente que me gusta la historia, pues bien, en roma, en el antiguo imperio, había esclavas de las cuales sus amos estaban enamorados, unas veces la esclava también lo estaba de su amo, y era dichosa de ser su concubina, en otras aunque sin corresponder, admitían de buen grado por los beneficios que obtenían, en resumen, ocurría de todo, pero yo, en lo más intimo y profundo de mi corazón, quería pertenecerla por completo, no solo en lo físico, sino en todo mi ser, mi cuerpo, mi mente y mi alma, junto a mi vida, ojala las leyes la permitirán poder matarme si a ella la complacía. Nunca me había fijado en ninguna mujer, y los hombres me gustaban, pero yo la amaba a ella, cuando veíamos tele, me tiraba a sus pies con la escusa de la comodidad, apoyaba la cabeza entre los dedos de ella aludiendo que con los cojines sentía calor, y cuando reunida valor suficiente, se los acomodaba en mi pecho, simulando jugar, luego me veía forzada a retirarlos cuando la humedad entre mis piernas amenazaba con hacerse visible, pero mientras tanto, cerraba los ojos e imaginaba que mis ilusiones se habían hecho realidad, incluso si me sentía atrevida, enredaba el cinto de mi bata en las manos.

No era este el caso, en esta noche hacia frente a la tristeza de la tan próxima separación. El día comenzó con una leve neblina, aunque era posible que estuviese en mi corazón. Todo me parecía melancólico, la carretera de camino al trabajo me parecía de un gris mas oscuro y los bosques permanecían silenciosos, nada cambio al llegar al almacén, el grandullón que a pesar del miedo inicial que había sentido hacia el, ahora le tenia mucho cariño, me levanto en el aire haciendo girar.

- Ya te queda poco, gorrioncín, ¿Quién nos va a cantar ahora?
Rompí a llorar entre sus brazos, pesando que me había daño me soltó como si le diese corriente. Me repuse con tiempo suficiente para ayudar a cargar el material en los vehículos. El resto del día lo pase concentrada en el trabajo.

El otoño había pasado como también el invierno, y la primavera, el ultimo verano de mi vida siendo menor de edad, lo estaba terminando también, por gusto había logrado trabajara la jornada completa, unas veces haciendo topografía con el fin de marcar el camino a las maquinas que tenían que hacer la caja de las carret4eras, otras midiendo las obras ya realizadas para su posterior certificación.

Las más intensas jornadas, eran las que transcurrían en la oficina técnica junto a Azucena. Claro esta que mi posición era la de una aprendiz, aun así el trabajo era gratificante, además me traban como si fuese parte activa del equipo, dejándome hacer por mi sola la el trabajo. Solo de cuando en cuando me exigían explicaciones de cómo hacia las cosas y del porque. Atendían a las preguntas y dudas que tenia, cuando aun a pesar de las explicaciones previas, había algo que no entendía o no sabía hacer, aunque estas cada vez eran menos frecuentes. Obtenía un trato cariñoso, por lo menos sino de todos, si de los técnicos que salían a topografíar al campo, en la oficina, era otro cantar, los ingenieros estaban aparte de los delineantes, pues prácticamente formaban una empresa dentro de otra. Como decía, casi había pasado todo un año desde aquella noche en el teatro, y después de muchas peleas conmigo misma, había aceptado la verdad respecto a Azucena, estaba enamorada de ella, con tanta o mas fuerza de cómo quería a mi hermano, a su mujer, mi sobrina o mi mejor amigo. El miedo era que ella se enterase y la reacción que pudiera tener.
Una cría enamorada de un ángel, deseosa que el ángel la esclavizase, de que me sintiera de su propiedad, lo mismo que lo eran su coche o su casa, pero de forma más intima. Tal vez… más parecido a la relación de una persona cariñosa con su perro, y mejor aun, la esclavitud al más puro estilo antiguo. Tengo que regresar con mi hermano, las clases comienzan y con el nuevo año sacarme el carné de conducir, tal vez comprarme un coche de segunda mano, ya se vera. Quiero mucho a mis amigos y me gusta mucho vivir con Javi, aun así, el separarme de Azucena me deja un vacío dentro que nada de eso lo logra llenar, era una sensación de desamparo muy parecida a cuando vivía con mis padres, pero aquella se minimizaba mucho en presencia de ella, tanto que ni la sentía.
Las dos primeras semanas fueron desastrosas, y luego empeoro. No quería hacer sufrir a nadie, por lo que me convertí en un verdadero zombi, todo lo hacia de forma mecánica, ir a clase, estudiar, comer mas bien poco, y mirar como poco a poco se formaba el rostro de Azucena en mi mente envuelto en una neblina durante la noche, observando el techo de mi habitación. Cuando la angustia me dominaba, era al ver a mi padre, arrancando plumas a las alas que salían por la espalda de Azucena, mientras ella se reía de mí. Algunas veces, conseguía controlarme gracias a ponerme en la situación de aquel anciano hacedor incansable de bosques, en la mayoría de las veces, me dormía entre silenciosos lloros, cuando el cansancio terminaba por derrotarme.

De esta forma, las semanas se transformaron en un mes largo, tan largo que el verano junto a Azucena ya me parecía un hermoso sueño perteneciente a otra vida, mitras que por el contrario, los años vividos junto a mis padres, parecían no haberse terminado aun. Era tal esta sensación que era frecuente el despertarme con la creencia de estar aun con ellos.

- Polvorilla, tendrías que descansar más. Así era como me llamaba mi hermano, aun me llama así, bueno, eso y de muchas otras maneras, pero todas con gran cariño,.. pitu, alitas (porque dice que solo eso me falta para ser un ángel, pues según él, hasta cantando lo parezco, supongo que el cariño ciega.).
Yo mas bien creo que si llueve tanto es por lo mucho que canto, por lo menos cuando no estoy triste, no es que realmente lo crea, pero con tal de incordiar, lo digo. La verdad, creo que ni una cosa ni la otra.
Dieciséis de noviembre, hoy cumplía la mayoría de edad y todo seguía igual, por un lado, el funcionamiento mecánico, por el otro la compañía de mis amistades servía como bálsamo, aunque no era lo suficiente.

Como siempre hacia, me fui directa a ver dormir a mi sobrina, eso me daba más fuerzas que el desayuno justo antes de salir hacia el autobús, por el medio, la ducha para despejarme, vestirme con lo primero que encontraban mis manos, los buenos días de mi siempre cariñoso hermano y su mujer, de la que salían al trabajo. ¿Podrías poner la lavadora cuando regreses, marta?, hoy llegaremos tarde, tenemos que habar con los profesores de tu sobrina. Por ultimo, la espera en la parada de bus con las pintas estrafalarias que no eran propias de una chica tan guapa como yo, eso según algún amigo tan torpe de enamorarse de mi, aun cuando me conocía de toda la vida juntos, y de mi hermano y su mujer, empeñada en vestir de seda a la mona que me creía ser.
La llegada de nuestro estrafalario medio de transporte, al cual esperábamos entre charla habitual de estudiantes llego con alivio del frio que se sentía a esas horas. Como mucho, mi aportación a la charla solían ser coletillas sin malicia por mi parte, que no se la razón, provocan las risas de mis amigos aun hoy. Las clases, pasaron lentamente como cada día sin dejar de prestarlas atención por mi parte, hasta que la falta de un catedrático nos dejo una hora libre.

-! ¡Hey! El morenazo de la BMW se le calló el café en los huevos. No preste mucha atención al comentario de la chica desde mi rincón del banco en mitad del pasillo, y eso que había levantado la voz como para que la escuchasen todos los presentes. Una mano me sujeto la mía, tirando de para que me levantase.
-vamos polvorilla, que tiene pantalones blancos y se le ve todo.
- mejor me quedo aquí, ese ni me invito a tomar café ni huevos.
Me había sobresaltado con sus tirones y mi voz se escucho lo suficientemente alta, para cuando quise reaccionar ya era tarde, había soltado uno de los comentarios que me solían sonrojar nada mas soltarlo, todos los presentes se reían con amplias carcajadas y yo escondiéndome como podía con mi bolso tapándome la cara.

Al final de las clases, el comentario había corrido como la pólvora y todos mis conocidos me miraban con complicidad.
Me puse ropa vieja antes de hacer la colada, eso fue una suerte, pues a la lavadora le dio por estropearse, ya de por si era un peligro, pues parecía a correcaminos por el medio de la cocina si no le ponías freno. El caso es que la cocina estaba totalmente anegada de agua, la pare, avise al seguro y acto seguido me puse a recoger el estropicio, ni siquiera me había duchado aun, y en medio de la faena me sobresalto el timbre de la puerta, ¿quien diablos seria?, con el sobresalto y lo maquinal de que estaba, no pensé en nada, tropecé con el cubo que saltó con toda el agua al tiempo que yo caí de culo, para caerme encima toda el agua que ya había recogido.
Se abrió la puerta justo delante de mis narices, tirada en el suelo, con la ropa, y la cabeza chorreando agua sucia, y el pelo revuelto, se presento un sueño hecho realidad, dejándome petrificada en el sitio y en semejante ridículo, justo al lado de mi hermano, estaba el ángel más bonito del cielo con una sonrisa que iluminaba todo a su alrededor, Ni podía creérmelo ni podía respirar de la impresión.

lunes, 25 de mayo de 2009

la vida de una esclava IV

Dejamos el coche en el parquin, caminando en la tarde noche otoñal, mi hermano, su mujer y yo, llegamos a la puerta principal del teatro, siempre había querido ver interpretar una obra de teatro de verdad, hasta ese momento, tan solo había asistido a obras del colegio, era divertido incluso las confusiones en los diálogos, o cuando algún actor por los nervios tenia que acercarse hasta la posición del apuntador, provocando las risas del publico. Incluso antes de entrar se podía ver la diferencia, esto era un ciclo dedicado a los grandes escritores, las entradas estaban agotadas meses antes, había grandes actores y los asistentes, en su mayoría, vestían elegantemente, esa noche, se interpretaría mucho ruido y pocas nueces, una comedia de Shakespeare.

Nos pusimos pacientemente a la cola, hasta que nos llego el turno para la entrar, sentía los nervios en aumento y aunque la sensación de vacío que me invadía cada vez que me deprimía, no había desaparecido, si se había mitigado.

Note en mi hombro el tacto suavemente aterciopelado de una mano. – Hola peque, dijo una voz que ya me era familiar, estas muy guapa esta noche, ya tenía ganas de saber de ti, tus compañeros de trabajo no te olvidaron, ¿Cómo estás?
¡¡A…Azu…cena!!. Sin pensar en nada, me abalance sobre ella, dándole un abrazo tan fuerte como pude, hasta que de repentinamente se apodero de mi un sentimiento de vergüenza, note el rubor en mi cara y busque vanamente un sitio donde nadie pudiera verme, pero tuve que conformarme con la protección del brazo de mi hermano, que a todas luces no era suficiente para mí en ese momento.
Su dedo sostuvo mi barbilla forzándome tiernamente a elevar la cara hasta que nuestras vistas se enfrentaron.
-Ya veo que continúas siendo igual de impulsiva y tímida que siempre.
Y más corte si me lo dices, pensé yo sin dar más contestación que un aumento de rubor al tiempo que le sacaba la lengua bien apretada entre mis labios, su cuerpo se sacudió en acompañamiento de una sonrisa. Tras las correspondientes presentaciones y una breve charla, nos fuimos a nuestros respectivos sitios. Ni que decir tiene que la obra no logro mi atención, pues me pase los actos pensando en Azucena, y los intermedios esperando que se acercase a nosotros, cosa que no ocurrió.
Tenía unos once años más que yo, y eso la hacía de ella una ingeniero brillante a sus veinte ocho años años. En toda la empresa se había ganado el respeto, tanto dentro como fuera de la oficina técnica. De trato firme a la vez que respetuoso con sus jefes como con subordinados, no tenía problemas en hacerse valer, pues los resultados de sus decisiones la convirtieron en una persona de valía. Por todo ello, junto al gran magnetismo que desprendía, todos solían callar para escuchar lo que tuviese que decir, aun cuando era mera charla informal, propios y extraños solían dejar de hablar para escuchar lo que tuviese que decir.
Solía vestir de forma discreta y acorde a la situación que se podría encontrar, aun así su físico no la dejaba pasar desapercibida, su pelo, rojo como un atardecer que anuncia el buen tiempo para el día siguiente, le caía en cascadas desde su más de metro ochenta hasta media espalda. Los ojos, pequeñas aguas marinas adornadas por un halo negro, le conferían una mirada intensa en la que no era difícil perderse o sentirse intimidada… y de su cuerpo… mejor no hablar, solo con su forma de andar hacia perder la cabeza a cualquiera, era un conjunto de una elegancia y sensualidad que a día de hoy nunca vi en nadie más, su cara, directamente era la de un ángel.
Su forma de moverse… alto, quieta parada, martita, a ti las tortillas sol te gustan para comer…vale, como alimento… ainss, ¿que le ocurría a mi mente? Le encontraba doble sentido a todo... Y en lugar de prestar atención a la obra, me pasto el tiempo pensando en una mujer, solo es que me gustaría ser como ella, con lo inteligente que es, a su lado parezco una cria … aunque lo sea, pero no voy a volver por ahí, que ya me entiendo yo solita… si, si… ¡tortilla!.

-shhh, baja la voz pitu, me dijo al oído Javi.
-¿Lo dije en alto?- si Marta, ¿te ocurre algo?
- No, solo que me apeteció repentinamente una tortilla… con conejo.
-¿tortilla de conejo?, cosa más rara, ¿no habrás llegado demasiado lejos con algún amigo que te dejase con premio dentro, verdad?
- Burro, no tengo amigos de esa clase.
¿Conejo?, pensé yo de regreso a la charla conmigo misma, niña, que te gustan los chicos, ¿estas tonta?, ¿y porque entonces esas ganas de verla, y los escalofríos cuando me toca o me sonríe?, ainss… porque es agradable, parece como si me conociese mejor que yo misma…¿ y el sentirme tan desvalida y al tiempo protegida en su compañía?... bueno igual es que de verdad estoy como una cabra, aunque a fin de cuentas es como tener una hermana mayor… claro, claro, nos hicimos buenas amigas este verano pasado, no están raro; Pues no, eso raro no es, pero…¿y el pasarte toda la obra mirándola por los prismáticos y decirte a ti misma lo guapa… buena que esta?.

Tonta del culo, no te comas la cabeza y atiende a la obra… ¡la leche, que pelo!, ¡que ojo… ostris que mira hacia aquí… disimula que nos pilla, martita!

Nos encontramos nuevamente a la salida, el magnetismo de Azucena era incuestionable, no había hombre o mujer que no se fijase en ella, parecía tener luz propia, y su forma de hablar aumentaba dicha sensación. Me quede embelesada escuchándola, hasta que de pronto…

- Javier, tengo una casa cerca del trabajo, no es gran cosa, pero en el verano es agradable, seguramente llamen a marta para que entre a prácticas el año que viene, mostró tener facilidad en el trabajo, ya se lo escuche a varios.
- Lo note cuando empecé a enseñarla, además le gusta y me consta que hizo amistades, aunque eso es frecuente en ella.
- Pues si lo permites, podría venir conmigo en esas fechas, yo suelo trabajar en casa y podría aprender, ella me conto que tiene previsto estudiar peritaje industrial, creo que le vendría bien, y el aire limpio del campo, podría ayudar a evitar esas tendencias suyas a las depresiones.
- Vaya, no sabía que te hubiera contado eso, no suele hacerlo.
- Creo que hicimos grandes migas las dos, aunque cuesta sacarle las cosas, hay que hacer un poco labor de zapa con la niña esta. (No lo pude impedir, me sonrojé como un semáforo.
- No me parece mala idea, además me quedaría tranquilo al no tener que moverse por esas carreteras, y menos a esas horas, pero te seria demasiada molestia y la convivencia no suele ser fácil al principio.
- Si no se encuentra a gusto, siempre está en su mano regresar. Me sentía mareada, podía ir con ella, solo dependía de mí.
¿Me despertaría ahora? La idea de que solo fuese un sueño me encogió el corazón una vez más.
No sabía ni entendía lo que sentía por aquella mujer, era contradictorio, me sentía vulnerable y protegida, tenía miedo a su rechazo y sin embargo, la tenía una confianza ciega.
Tan bien me producía alegría cuando me encargaba hacer algo, sobre todo si era para ella, y frustración si estando yo, le mandaba a alguien hacerlo. ¿Es que no serbia yo para hacerlo?, por el contrario, veía normal que no captase su atención, pues no me consideraba gran cosa para merecer estar tan cercana a ella. Merecía ser la reina de un cuento de hadas, donde toda una corte viviese para atenderla. Ella era un modelo a seguir, a la vez que una estrella inalcanzable para una simple mortal como yo, no merecía siquiera su atención y mucho menos su amistad. Estaba claro para mí, era un ángel que había venido a la tierra para iluminar la vida de todo aquel que tenia la dicha de cruzarse en su camino. ¿¡¡¡ Y quería tenerme cerca!!!? ¿¡¡¡A mí!!!? Pero si el cielo era su regazo, su presencia, su caricia… la gloria, yo no merecía aquello. Así que… ¿Qué me ocurría? No podía ser amor, me atraían los hombres, y sin embargo, por nadie había sentido ni tanto, ni tan contradictorio, sentía con tanta fuerza, desesperación y la intensidad eran incluso superiores al miedo que había sufrido con mis padres. Me sentía demasiado pequeña físicamente para poder contener tales sensaciones dentro de mi cuerpo, y además, el pánico a que ella los descubriese.

la vida de una esclava III

La presencia de mi hermano mayor en casa se podía notar en su cara perfectamente cuando de forma fortuita se cruzaba con la de mi padre, los poco más de cuatro años que habían pasado desde que se fue de casa, no mermaron su odio y resentimiento hacia él, de hecho no se habían vuelto a ver, ni siquiera se cruzaron en el hospital cuando intente quitarme la vida, en el baño dándome una ducha antes del desayuno.

La tensión era algo que se percibía en el ambiente de casa, como la presencia de una quinta persona, mi hermano menor parecía ser el único ajeno a ella, pero eso era normal, pues solo sentía interés por aquellas cosas que le afectaban directamente, el tener que sacar la basura por estar yo estudiando y cosas similares. Su actitud hacia mí era como quien aguanta el mal olor cuando se pasa cerca de un cubo de basura, creo sinceramente, que él es la única persona que contó hasta la actualidad con mi desprecio.

No sin reticencias por parte de mi padre, había pasado fines de semana en casa de mi hermano mayor junto a su mujer, les había costado mucho esfuerzo y sufrimiento el poder establecerse por su cuenta.
– Es muy joven y no se trata con su familia, no me parece sensato ni el hecho de que salgas con él.
-ve a su madre y a su hermana, y si no tiene tratos con los demás, es por principios y fuerza de voluntad y de lucha como para sostenerlos, aun cuando se ve solo y como tú dices, tan joven ¿tendrías tú esa determinación de encontrarte en su situación, papa?, creo que sus actos son tan contundentes que no dejan duda de cómo es, además, le amo.

Esta fue la conversación que tuvieron maría y su padre cuando ella y mi hermano formalizaron su intención de casarse ante los padres de ella, fuese con o sin su consentimiento formarían su familia.

La voz de mi hermano sonó tranquila en aquella reunión familiar, la primera en mucho tiempo.
-Marta, cariño, si tu quieres puedes venir conmigo a nuestra casa cuando quieras.
-Vete a por los postres, dijo mi madre temblando con los platos en la mano desde la puerta del salón.
Sin atreverme a levantar la cabeza, con miedo a que mis piernas no fuesen capaces de sostener mi peso, obedecí a mi madre, en el camino, escuche voces, que no gritos, claramente de enfado, la única que mantenía la calma era la perteneciente a mi hermano mayor, ya no era un niño, se había ganado el respeto de todos, tanto socialmente con los amigos como en la oficina, se lo había ganado de forma constante y dura, se le veía seguro de sí, aunque sin altanería ni frivolidad alguna, en cambio, se podía notar bien que cuando quería algo, estaba dispuesto a luchar por ello. Yo no era de aquella consciente de todo esto, pero cuando hoy veo en fotos sus expresiones y recuerdo su comportamiento, me queda muy claro que era así.

El caso es que la tensión pudo más que yo, y el postre, que ya no recuerdo lo que era, termino por el suelo cuando me tropecé.

Otra escena ya contada anteriormente, quiso repetirse, mi padre se levantó de la mesa con el puño cerrado en mi dirección; lo que pude ver o recuerdo, es a mi hermano detrás de mi padre, y acto seguido, lo contrario. Mi padre, tendido en el suelo frotándose el hombro, y mi hermano interponiéndose entre él y yo con una postura protectora. Hablo con voz suave, casi en susurro, dando malos calificativos a mi padre, al tiempo que le recordaba su condición de alcohólico entre otras cosas.
Recuerdo los brazos de mi hermano extendidos y en el susurro que era su voz, un claro tono que era tan amenazante como colérico, normalmente su voz es un tanto agudo para ser de hombre, pero en aquel momento era grave, me aterrorice entendiendo que él seria capaz de morir o matar por defenderme sin importarle cualquier cosa.

Nuestro padre se levanto sin mediar palabra y sin escuchar las amenazas de mi hermano, se lanzo sobre él, a ninguno de los dos les había visto de esa forma. Mi padre era prácticamente el doble de mi hermano. De lo acontecido en ese momento solo tengo el recuerdo de los muebles en el suelo, la mesa de costado sobre el suelo y todo cuanto había sobre ella ahora rodaba por el suelo.

Cuando mi mente volvió a ser consciente de lo mostrado por mis ojos, pude ver la cara de mi padre con la nariz deformada y chorreando sangre, con el cuerpo asomado al vacío hasta la altura de la cintura, esta, reposaba sobre el quicio de la ventana, tenia los ojos abiertos como platos, era claro el miedo que sentía en ese momento,
Mi hermano le sostenía por los pies, pero no por impedir que mi padre se cayese, sino dispuesto a tirarlo.
La mano de mi hermano acaricio suavemente mi cara… -¿nos vamos?.
Tenía una mochila y un bolso de viaje a la espalda, volvió la cara hacia mi padre que no se había movido de la esquina donde se sentó en el suelo y de la que no se había separado mientras Javi recogía algunas de mis cosas.
Cerré los brazos en un abrazo sobre su cuello y las piernas sobre su cintura, y con las caricias de mi hermano sobre mi nuca, llorando, con los mocos cayéndome de la nariz, enterré la cara en el hombro de mi hermano, sentía la respiración y el pulso de Rabí alterados, aunque su comportamiento no mostrase aquello. De esa forma, sin saber que hacer, que decir, que pensar o que sentir, en brazos de mi hermano, deje aquel lugar, casa únicamente del horror que había sido mi vida hasta aquel momento, fruto de las pesadillas y depresiones que aun me alcanzarían en los siguientes años, las cuales gracias al cariño y afecto y cuidados más propios de un padre que de un hermano se fueron reduciendo progresivamente.

El cambio de vida fue total, en los años que pasé con mi hermano y Mari, pude ver nacer a mi sobrina, Me permitieron salir con mis amigos, y si bien el cariño de Javi me tiene, no parece tener fin, el de su mujer Mari no fue menor. Soliamos pelearnos mucho, exactamente igual que ocurre hoy cuando duermo en su casa, peleas en las que mi sobrina no es ajena, pero lo único que sale mal parado son los cojines, las almohadas y las pobres camas que soportan el peso de los cuatro. Tampoco perdí la costumbre de bañarme con mi hermano, pues estos momentos son el único recuerdo que siento con cariño de una casa a la que no regrese jamás. Tampoco perdí el contacto con el mejor amigo que tengo, pues aun a pesar de estar casado, todavía ayer nos fuimos los dos a cenar juntos.

Tres regalos guardo de aquel día, el mas importante, salir de aquella casa, el segundo un libro encuadernado artesanalmente con recopilaciones traducidas de plinio el viejo y mi primera fiesta de cumpleaños celebrada sin temor y organizada por el amigo al que más quiero.

vida de una esclava II

El timbre sonó dando fin a las clases, mis compañeros solían hablar de los sustos que les producían las películas de miedo, para mi, esos monstruos no eran más que una tontería, Alguien que como mucho le valía matarte. ¿Pero qué ocurre cuando no puedes escapar de una pesadilla que ni te mata ni te deja vivir?

Para mi la realidad era mucho peor que eso…
Algo que no podía entender era que no pegasen a Cris por haber suspendido una asignatura, sin llegar a esas faltas, en mi vida lo normal eran en el mejor de los casos, regañinas e insultos que no tenía duda por aquellos tiempos que merecía. El terror era mi casa. Mi padre, tras salir de su trabajo solía ir con sus amigos a los bares del barrio, normalmente solía llegar oliendo a alcohol un par de horas antes de la cena. Mi madre solía estar en la cocina, mis hermanos, bien discutiendo sino el menor en sus cosas sin interrupción alguna y el mayor ayudando a mi madre, que aun contra a lo mandado solía hacer en mi lugar, y yo estudiando.
Cortando mis pensamientos, sentí un leve empujón que me sobresalto
-¿Te dormiste?, una carcajada se dibujo en la cara de mi mejor amigo, lo conocía de siempre, mejor dicho, no tenia recuerdo alguno donde no fuésemos amigos y vecinos antes de llegar a ser compañeros de colegio desde el primer día. Los mejores días de mi vida eran sin duda alguna cuando por alguna rara razón mis padres me dejaban a dormir en su casa, ya podrían caer truenos, rayos y centellas, para mí esos días eran verano y el sol lo iluminaba todo.

Me tomo de la mano conduciéndome por los pasillos del colegio.
-Martita ¡un partido, vamos!
-Jo, termino siempre por el suelo y luego mis padres me castigan
-anda; por favor juega, sin ti no es igual de divertido.
-Sera que te hace gracia ver como termino como igual de pegajosa que la cena de mi madre…
Levanto los labios por el lado derecho, su ojo quedo tapado en parte por el pómulo y el parpado del mismo, la ceja izquierda se inclino hacia abajo, no lo pude evitar y explote en risas, siempre me hacía gracia es expresión.
No me había entendido, yo me refería a que siempre o casi siempre terminaba rebozada en el barro por algún empujón, pero no se lo explique, por el contrario, me limite a complacer las ganas que me dieron de darle un beso después de abrazarlo, siempre conseguía alegrarme el día, aunque solo fuesen unos minutos o unas horas, en esos momentos yo no era mala, no era culpable de que mi padre se enfadase ni de que mi vagancia fuese responsable de que mis hermanos tuviesen que atender a las obligaciones de casa, pues era obligación mía. No, en esos momentos no sentía el peso que solía hacer que todo mi cuerpo temblase por dentro, ni tampoco la oscuridad con la que veía la vida me hiciese llorar sin consuelo alguno, la garganta la sentía vacía en el interior y en aquellos momentos desesperantes, todo mi interior, se hacia una bola que me impedía respirar o hablar. Por el contrario, en este momentos y en los que solía compartir con él, todo eso parecía una pesadilla lejana que me parecía la vida de otra persona, no solo es que pudiese hablar, sino que las ganas de cantar me invadían y no era raro descubrirme haciéndolo sin saber cuando había empezado a hacerlo, todo eran risas, sol en el corazón de aquella niña que aun vive hoy en mi interior.
Paulatinamente se produjo el desfile de niños regresando a su casa, como cada día nos fuimos caminando juntos, alargando el juego entre nosotros con una botella de plástico, ambos reíamos ampliamente entre alguna patada perdida, empujones y carreras, las mochilas a la espalda.
Tenia que admitir que no podía igualarme a él en aquel juego, pero ya tomaría mi venganza jugando a la maza en otro momento, por ahora me era suficiente con saltar a su espalda sujetándome en su cuello o tirándole la mochila para apoderarme unos instantes de la improvisada pelota. Visto desde la perspectiva de un adulto, era el juego inocente y despreocupado de dos niños inocentes a todo lo malo del mundo.
-¿ya cansaste martita?
- No, pero estamos llegando
- Va, siempre te enfadas justo al final – no lo estoy, dije yo con un tono tristón en mi voz que el tomo por enfado.
- si lo estas, y el que tiene motivos soy yo, me diste tres patadas adrede, me tiraste la mochila al suelo y te montaste a caballo sobre mí, haces trampas.
- las patadas no fueron a cosa hecha… el resto… nadie marco las normas, y le saque la lengua, bueno… y no estoy enfadada, de verdad, solo que… me gustaría que fuésemos hermanos.
- anda ya martita, no veas cómo me riñen mis padres si no me pongo las zapas al llegar a casa… entre otras cosas….
- bajando el tono de mi voz un poco más le pedí ir a su casa a merendar… todo lo que fuese retrasar la entrada en la mía seria bien venida, aunque después fuese peor…

En ese momento la puerta del portal se cerró tras de nosotros con un sonido metálico que me puso los pelos del brazo como espigas. La luz del día que apenas podía entrar en el portal, fue sustituida por la enfermiza luz del ascensor, poco después en el rellano de la escalera, la puerta de mi casa se abrió, vi a mi amigo dar un respingo, los puños apretados y la cara que solía tener poco antes de iniciarse una pelea entre niños cuando la voz de mi padre resonó al mandarme entrar en casa.

Se me nublo la vista y apresurada atravesé el umbral de aquella casa que nunca considere propia y que tanto miedo infundía en todo mi ser.
Todo ocurrió muy rápido, trastabille dejando caer la mochila al suelo, pero continúe hasta el salón sin detenerme a recoger nada para encontrarme con mi madre.

-Mírala, hecha un desastre y ni se preocupa por las cosas y encima llega tarde. ¿Para eso trabaja tu padre como un burro?
-pero si es una cerda, dijo mi hermano menor desde la mesa del ordenador.
Sentí un tirón en el pelo justo antes de perder momentáneamente la visa, escuche un grito agudo que tarde en reconocerlo unos segundos como propio
¡En esta casa solo levanto la voz yo! Y diciéndome eso, mi padre me empujo, sentía el ojo
derecho como si me hubiese estallado, un sabor a sangre en la boca que no me era ya desconocido, y a continuación un crujido aterrador cuando caí de lado contra una mes baja… luego aturdimiento, como en un sueño vi a mi hermano mayor lanzándose contra mi padre con los puños cerrados y gruñendo como un animal.

En la oscuridad de mi cuarto volvió todo a mi mente, ante el médico yo me había lanzado con la bici, me había roto dos costillas por el golpe en el costado al caer y al rebote me di en la cara, llevándose la peor parte mi ojo que ahora estaba totalmente hinchado, trate de recordad como casi siempre, un cuento donde un anciano pasaba la vida plantando árboles en un desierto en la más absoluta soledad hasta lograr crear un bosque, me ponía en su lugar, sería una buena forma de no causar más daño ni dolor a quienes me rodeaban, sobre todo a mis padres, que lo único que querían era que fuese mejor persona, estas habían sido las palabras de mi madre.

-¿Hija, ves como no puedes portarte así?, si nos enfadamos contigo es porque te queremos, aunque no te portes bien, sabes que de otra forma nada malo ocurriría

-Mama, yo lo intento, no quiero haceros enfadar.

Yo tenía la culpa, era incuestionable, pero la noche había llegado y Javi no había regresado, a sus dieciocho años se fue de casa tras pelearse a puño cerrado con mi padre tratando de alejarlo de mí.
Mientras escribo este día vivido a mis diez años de edad, recuerdo haber soñado ser mayor, con una persona abrazándome desde atrás mientras que en mi pecho mamaba un bebe troquilo y sereno escuchándome cantar.

LA VIDA DE UNA ESCLAVA



Había terminado el curso, unos días antes mi hermano me había propuesto el ir a una empresa para hacer prácticas, lo único que conocía de topografía era por lo aprendido de él. Me había garantizado que era suficiente y que asistiendo de ayudante tampoco me pedirían mucho.

Tratando de sobreponerme de la ultima de mis depresiones, me apure por no llegar tarde, confiando en mi hermano, me monte en el coche de aquella mujer, tenia el aspecto de estar malhumorada.

La salude con el típico buenos días, soy Marta, la hermana de Javi.

- buenos días niña, levanta ese animo, vas a trabajar no a un funeral
- per…perdona supongo que son los nervios.

Por el camino me fue explicando todo lo que tenia que hacer, también me llamo la atención sobre mi comportamiento, pues tenia frió, miedo en cantidades considerables, aunque no tanto como solía tenerlo cuando tenia que entrar en casa tras las clases y reencontrarme con mi padre y de la que mi hermano me había librado junto de las palizas de un padre alcohólico e insensible. El único cariño que conocía era el de mi hermano mayor. Tras una pelea con mi padre varios años atrás, cuando el era poco mas de un adolescente se había ido de casa, también el de mi mejor amigo, un vecino que además era compañero de clase y al que conocía desde que tenía memoria.

Dolor y sufrimiento era lo único que proporcione en la vida a las pocas personas que me querían. Había pasado todo el fin de semana repasando trigonometría y los cálculos aplicados a la topografía que según mi hermano serian más que suficiente para sacarme del paso. Por esa parte estaba tranquila, el estudio era mi forma de escapar del infierno que había sido la casa de mis padres, ahora vivía con mi hermano. Me había sacado de ella tras asomar a mi padre al balcón de casa y amenazarle de muerte si me volvía a poner la mano encima, después me metió arrastro a mi antigua habitación y recogiendo lo indispensable me saco para no volver mas. Tenia los nervios a flor de piel, así que me volví a concentrar en lo estudiado, no había problemas estudiar siempre se me dio bien, sobre todo las matemáticas, nunca me había sentido inteligente, simplemente la lógica de estas y la física me resultaron la cosa mas natural del mundo. En ocasiones no hacia falta que me explicasen del todo una lección para que ya lo comprendiese, mi forma de razonar simplemente coincidía.

- Despierta marta, que ya llegamos, hija, ¿tienes frió? No paras de temblar
- Solo es…. Cansancio, esta noche…..dormí poco.

Aunque era Julio aun no había amanecido, y había caído toda la noche una helada tremenda, además, las carreteras para llegar a la empresa era muy malas, mas curvas que un ocho había dicho mi hermano refiriéndose a ellas, para colmo corría paralela en varios quilómetros a uno de los mayores ríos de mi tierra, por lo que la niebla casi se podía cortar con cuchillo, aun así pudimos dar gracias, ningún animal se había cruzado en nuestro camino.

Al abrir la puerta del coche me fui gire hacia la entrada, pero estaba llena de hombres con ropas de trabajo, por lo tanto, me quede quieta con los ojos lloros, la nariz roja y goteando agüilla, agache la cabeza y trate de subirme el cuello de mi jersey de lana favorito.

(Estos aquí nos violan, me parece que esto no es para mí)

- ¡Gorrioncin! Por mas que remuevas la tierra no vas hacer un nido antes de caer congelada
La voz era potente, sin duda de hombre, me fue imposible contenerme y di un salto instintivo hacia atrás, asustada, levante la mirada sin alzar la cabeza, pero lo que me encontré no era una persona, la palabra gigante me salio a la mente ocupándolo todo.

Por Dios, ¿cuanto media aquel hombre? Sus compañeros apenas les llegaban al pecho, me creería que media cinco metros, aquí no dinamitan nada, llaman a ese para que rompa las rocas a golpes.

Esta vez quise salir corriendo donde fuera, ya no eran nervios, era pánico, aquel hombre se había aproximado a mí sin darme cuenta, no sabia que hacer, fue cuando vi que no hacia mas que arrastrar el pie sin mover la punta por el suelo, ¿Por qué tanta vergüenza?, era irracional sentirme de esa forma, el estomago hecho un nudo, y los brazos como si me los hubiera aprisionado una prensa, por no hablar de la sensación que tenia de no ver absolutamente nada …. Bueno no era así exactamente, mas bien es como cuando te pones una gorra con el ala demasiado baja que no ves casi lo que tienes delante, estaba atontada. Levante la cara para mira a la suya, Dios santo, de verdad era enorme, claro esta no era no era un gigante… pero casi.

- Ya se que soy grande vida, pero tampoco es para eso, mas vale que cierres la boca, me llamo Rubén, vamos a dentro gorrioncillo que te vas a congelar y de paso te calmas un poco.

Me tomo del brazo y me acompaño hacia el interior, no recuerdo como llegamos a las oficinas, que no lo eran, sino un almacén muy desordenado, yo no hice mas que mirar al suelo, vi a aquel hombretón moverse de forma pesada mientras que me decía alguna cosa que no llegue a captar, me ofreció una taza de café con unas cuantas galletas de chocolate, preferí no pensar en nada mientras me tome primero las galletas arañando con la uña del dedo meñique los trozos de chocolate y luego me tome el café, al levantar la cara me di cuenta que el sostenía su mirada sobre mi, fue cuando note por el calor en mis pómulos que estaba sonrojada. ¿Siempre eres tan tímida, gorrioncillo?

- Marta
- ¿Qué dijiste?
- Que me llamo marta
- Por fin hablas vida, pensé que eras muda aparte de tímida…. Tranquila tomate el café, si quieres te pongo más, tendrás que ir a personal, pero no te apures, a estas horas todo el mundo anda ocupado con mil cosas y nadie te echara de menos en un buen rato. Una pregunta pitufina, ¿solo tienes esa ropa….? Lo digo porque como no tengas algo más ligero vas a pasar calor.
- No traje una mochila con mis cosas, pero creo que me las deje en el coche.

-Rubo, deja a la muchacha y vete sacando las estaciones anda, no creo que este muy tranquila teniendo cerca un gorila como tu.

- Eres Marta ¿verdad?, bueno termina tranquila, vas a estar con nosotros … bla bla bla
La persona que había interrumpido era un hombre como de unos cincuenta años, no menos de cuarenta y cinco, poco más alto que yo no atendí muy bien lo que me decía, pues volvía a tener la mente sin capacidad de atender a nada… otra vez, capte algo de que tenia una hija de mi edad, escuche su voz como cuando estando en parque alcanzas a escuchar una música tras los ruidos de la ciudad. Cuando estaba por terminar la segunda taza de café, alce la mirada y me fije lo delgado que era, parecía que se fuese a romper, fue cuando me sobresalte con el ruido de un todo terreno grande y una furgoneta que no había visto hasta el momento.


Otra persona entró en el almacén, la furgoneta blanca se calo y todo quedo en silencio justo cuando el recién llegado comenzó a hablar en voz alta, eso hizo que su voz pareciera un estruendo, lo que provocó que me alterase nuevamente.

- chavala, ¿aun estas así?, vamos que no tenemos todo el día, ya tendrias que estar lista, tienes dos minutos para meterte en la furgoneta y que te lleven al tajo.
El abuelo, pensé cuando vi levantarse de la mesa al hombre que me habia acompañado en mi segunda taza de café. Después de eso recuerdo que me cambie de ropa y algunas personas más que me hablaron, pero ni idea.