martes, 26 de mayo de 2009

la vida de una esclava V

Octubre, comienzan nuevamente las clases, eso supone que termina nuevamente mis prácticas de empresa, abandonar los teodolitos, a mis compañeros a los cuales llorara mi corazón, y lo que es peor, a Azu, a la cual entregaría gustosa mi vida, pues estoy totalmente enamorada de ella. El vivir a su lado, en su casa, las dos solas, curó mis dudas, tengo dos cosas por las que angustiarme. La primera separarme de ella y la segunda, que me rechace si llegase a saber lo que siento por ella.

Hace unos días, no se como, terminamos a cojinazos la una con la otra, yo perdí, termine muerta de risa, tirada en el suelo de espaldas y con ella sentada sobre mi, inmovilizándome manos y pies, las risas eran medio fingidas en ese momento por mi parte, no era por ocultar nada, sino por justificar mis lagrimas, estaba llorando, llorando por lo bonita que era, llorando por tener un corazón demasiado pequeño para sentir tanto amor y con tanta fuerza, por tratar de esconder la excitación que sentía desde hacia rato.

La pelea, tengo que reconocer, era mi culpa, quería ser suya, quería sentirme su prisionera, deseaba tener que sentirme obligada a atenderla en cualquier necesidad. En definitiva, quería y deseaba ser su esclava, me explico, en relatos anteriores, comente que me gusta la historia, pues bien, en roma, en el antiguo imperio, había esclavas de las cuales sus amos estaban enamorados, unas veces la esclava también lo estaba de su amo, y era dichosa de ser su concubina, en otras aunque sin corresponder, admitían de buen grado por los beneficios que obtenían, en resumen, ocurría de todo, pero yo, en lo más intimo y profundo de mi corazón, quería pertenecerla por completo, no solo en lo físico, sino en todo mi ser, mi cuerpo, mi mente y mi alma, junto a mi vida, ojala las leyes la permitirán poder matarme si a ella la complacía. Nunca me había fijado en ninguna mujer, y los hombres me gustaban, pero yo la amaba a ella, cuando veíamos tele, me tiraba a sus pies con la escusa de la comodidad, apoyaba la cabeza entre los dedos de ella aludiendo que con los cojines sentía calor, y cuando reunida valor suficiente, se los acomodaba en mi pecho, simulando jugar, luego me veía forzada a retirarlos cuando la humedad entre mis piernas amenazaba con hacerse visible, pero mientras tanto, cerraba los ojos e imaginaba que mis ilusiones se habían hecho realidad, incluso si me sentía atrevida, enredaba el cinto de mi bata en las manos.

No era este el caso, en esta noche hacia frente a la tristeza de la tan próxima separación. El día comenzó con una leve neblina, aunque era posible que estuviese en mi corazón. Todo me parecía melancólico, la carretera de camino al trabajo me parecía de un gris mas oscuro y los bosques permanecían silenciosos, nada cambio al llegar al almacén, el grandullón que a pesar del miedo inicial que había sentido hacia el, ahora le tenia mucho cariño, me levanto en el aire haciendo girar.

- Ya te queda poco, gorrioncín, ¿Quién nos va a cantar ahora?
Rompí a llorar entre sus brazos, pesando que me había daño me soltó como si le diese corriente. Me repuse con tiempo suficiente para ayudar a cargar el material en los vehículos. El resto del día lo pase concentrada en el trabajo.

El otoño había pasado como también el invierno, y la primavera, el ultimo verano de mi vida siendo menor de edad, lo estaba terminando también, por gusto había logrado trabajara la jornada completa, unas veces haciendo topografía con el fin de marcar el camino a las maquinas que tenían que hacer la caja de las carret4eras, otras midiendo las obras ya realizadas para su posterior certificación.

Las más intensas jornadas, eran las que transcurrían en la oficina técnica junto a Azucena. Claro esta que mi posición era la de una aprendiz, aun así el trabajo era gratificante, además me traban como si fuese parte activa del equipo, dejándome hacer por mi sola la el trabajo. Solo de cuando en cuando me exigían explicaciones de cómo hacia las cosas y del porque. Atendían a las preguntas y dudas que tenia, cuando aun a pesar de las explicaciones previas, había algo que no entendía o no sabía hacer, aunque estas cada vez eran menos frecuentes. Obtenía un trato cariñoso, por lo menos sino de todos, si de los técnicos que salían a topografíar al campo, en la oficina, era otro cantar, los ingenieros estaban aparte de los delineantes, pues prácticamente formaban una empresa dentro de otra. Como decía, casi había pasado todo un año desde aquella noche en el teatro, y después de muchas peleas conmigo misma, había aceptado la verdad respecto a Azucena, estaba enamorada de ella, con tanta o mas fuerza de cómo quería a mi hermano, a su mujer, mi sobrina o mi mejor amigo. El miedo era que ella se enterase y la reacción que pudiera tener.
Una cría enamorada de un ángel, deseosa que el ángel la esclavizase, de que me sintiera de su propiedad, lo mismo que lo eran su coche o su casa, pero de forma más intima. Tal vez… más parecido a la relación de una persona cariñosa con su perro, y mejor aun, la esclavitud al más puro estilo antiguo. Tengo que regresar con mi hermano, las clases comienzan y con el nuevo año sacarme el carné de conducir, tal vez comprarme un coche de segunda mano, ya se vera. Quiero mucho a mis amigos y me gusta mucho vivir con Javi, aun así, el separarme de Azucena me deja un vacío dentro que nada de eso lo logra llenar, era una sensación de desamparo muy parecida a cuando vivía con mis padres, pero aquella se minimizaba mucho en presencia de ella, tanto que ni la sentía.
Las dos primeras semanas fueron desastrosas, y luego empeoro. No quería hacer sufrir a nadie, por lo que me convertí en un verdadero zombi, todo lo hacia de forma mecánica, ir a clase, estudiar, comer mas bien poco, y mirar como poco a poco se formaba el rostro de Azucena en mi mente envuelto en una neblina durante la noche, observando el techo de mi habitación. Cuando la angustia me dominaba, era al ver a mi padre, arrancando plumas a las alas que salían por la espalda de Azucena, mientras ella se reía de mí. Algunas veces, conseguía controlarme gracias a ponerme en la situación de aquel anciano hacedor incansable de bosques, en la mayoría de las veces, me dormía entre silenciosos lloros, cuando el cansancio terminaba por derrotarme.

De esta forma, las semanas se transformaron en un mes largo, tan largo que el verano junto a Azucena ya me parecía un hermoso sueño perteneciente a otra vida, mitras que por el contrario, los años vividos junto a mis padres, parecían no haberse terminado aun. Era tal esta sensación que era frecuente el despertarme con la creencia de estar aun con ellos.

- Polvorilla, tendrías que descansar más. Así era como me llamaba mi hermano, aun me llama así, bueno, eso y de muchas otras maneras, pero todas con gran cariño,.. pitu, alitas (porque dice que solo eso me falta para ser un ángel, pues según él, hasta cantando lo parezco, supongo que el cariño ciega.).
Yo mas bien creo que si llueve tanto es por lo mucho que canto, por lo menos cuando no estoy triste, no es que realmente lo crea, pero con tal de incordiar, lo digo. La verdad, creo que ni una cosa ni la otra.
Dieciséis de noviembre, hoy cumplía la mayoría de edad y todo seguía igual, por un lado, el funcionamiento mecánico, por el otro la compañía de mis amistades servía como bálsamo, aunque no era lo suficiente.

Como siempre hacia, me fui directa a ver dormir a mi sobrina, eso me daba más fuerzas que el desayuno justo antes de salir hacia el autobús, por el medio, la ducha para despejarme, vestirme con lo primero que encontraban mis manos, los buenos días de mi siempre cariñoso hermano y su mujer, de la que salían al trabajo. ¿Podrías poner la lavadora cuando regreses, marta?, hoy llegaremos tarde, tenemos que habar con los profesores de tu sobrina. Por ultimo, la espera en la parada de bus con las pintas estrafalarias que no eran propias de una chica tan guapa como yo, eso según algún amigo tan torpe de enamorarse de mi, aun cuando me conocía de toda la vida juntos, y de mi hermano y su mujer, empeñada en vestir de seda a la mona que me creía ser.
La llegada de nuestro estrafalario medio de transporte, al cual esperábamos entre charla habitual de estudiantes llego con alivio del frio que se sentía a esas horas. Como mucho, mi aportación a la charla solían ser coletillas sin malicia por mi parte, que no se la razón, provocan las risas de mis amigos aun hoy. Las clases, pasaron lentamente como cada día sin dejar de prestarlas atención por mi parte, hasta que la falta de un catedrático nos dejo una hora libre.

-! ¡Hey! El morenazo de la BMW se le calló el café en los huevos. No preste mucha atención al comentario de la chica desde mi rincón del banco en mitad del pasillo, y eso que había levantado la voz como para que la escuchasen todos los presentes. Una mano me sujeto la mía, tirando de para que me levantase.
-vamos polvorilla, que tiene pantalones blancos y se le ve todo.
- mejor me quedo aquí, ese ni me invito a tomar café ni huevos.
Me había sobresaltado con sus tirones y mi voz se escucho lo suficientemente alta, para cuando quise reaccionar ya era tarde, había soltado uno de los comentarios que me solían sonrojar nada mas soltarlo, todos los presentes se reían con amplias carcajadas y yo escondiéndome como podía con mi bolso tapándome la cara.

Al final de las clases, el comentario había corrido como la pólvora y todos mis conocidos me miraban con complicidad.
Me puse ropa vieja antes de hacer la colada, eso fue una suerte, pues a la lavadora le dio por estropearse, ya de por si era un peligro, pues parecía a correcaminos por el medio de la cocina si no le ponías freno. El caso es que la cocina estaba totalmente anegada de agua, la pare, avise al seguro y acto seguido me puse a recoger el estropicio, ni siquiera me había duchado aun, y en medio de la faena me sobresalto el timbre de la puerta, ¿quien diablos seria?, con el sobresalto y lo maquinal de que estaba, no pensé en nada, tropecé con el cubo que saltó con toda el agua al tiempo que yo caí de culo, para caerme encima toda el agua que ya había recogido.
Se abrió la puerta justo delante de mis narices, tirada en el suelo, con la ropa, y la cabeza chorreando agua sucia, y el pelo revuelto, se presento un sueño hecho realidad, dejándome petrificada en el sitio y en semejante ridículo, justo al lado de mi hermano, estaba el ángel más bonito del cielo con una sonrisa que iluminaba todo a su alrededor, Ni podía creérmelo ni podía respirar de la impresión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario