Había terminado el curso, unos días antes mi hermano me había propuesto el ir a una empresa para hacer prácticas, lo único que conocía de topografía era por lo aprendido de él. Me había garantizado que era suficiente y que asistiendo de ayudante tampoco me pedirían mucho.
Tratando de sobreponerme de la ultima de mis depresiones, me apure por no llegar tarde, confiando en mi hermano, me monte en el coche de aquella mujer, tenia el aspecto de estar malhumorada.
La salude con el típico buenos días, soy Marta, la hermana de Javi.
- buenos días niña, levanta ese animo, vas a trabajar no a un funeral
- per…perdona supongo que son los nervios.
Por el camino me fue explicando todo lo que tenia que hacer, también me llamo la atención sobre mi comportamiento, pues tenia frió, miedo en cantidades considerables, aunque no tanto como solía tenerlo cuando tenia que entrar en casa tras las clases y reencontrarme con mi padre y de la que mi hermano me había librado junto de las palizas de un padre alcohólico e insensible. El único cariño que conocía era el de mi hermano mayor. Tras una pelea con mi padre varios años atrás, cuando el era poco mas de un adolescente se había ido de casa, también el de mi mejor amigo, un vecino que además era compañero de clase y al que conocía desde que tenía memoria.
Dolor y sufrimiento era lo único que proporcione en la vida a las pocas personas que me querían. Había pasado todo el fin de semana repasando trigonometría y los cálculos aplicados a la topografía que según mi hermano serian más que suficiente para sacarme del paso. Por esa parte estaba tranquila, el estudio era mi forma de escapar del infierno que había sido la casa de mis padres, ahora vivía con mi hermano. Me había sacado de ella tras asomar a mi padre al balcón de casa y amenazarle de muerte si me volvía a poner la mano encima, después me metió arrastro a mi antigua habitación y recogiendo lo indispensable me saco para no volver mas. Tenia los nervios a flor de piel, así que me volví a concentrar en lo estudiado, no había problemas estudiar siempre se me dio bien, sobre todo las matemáticas, nunca me había sentido inteligente, simplemente la lógica de estas y la física me resultaron la cosa mas natural del mundo. En ocasiones no hacia falta que me explicasen del todo una lección para que ya lo comprendiese, mi forma de razonar simplemente coincidía.
- Despierta marta, que ya llegamos, hija, ¿tienes frió? No paras de temblar
- Solo es…. Cansancio, esta noche…..dormí poco.
Aunque era Julio aun no había amanecido, y había caído toda la noche una helada tremenda, además, las carreteras para llegar a la empresa era muy malas, mas curvas que un ocho había dicho mi hermano refiriéndose a ellas, para colmo corría paralela en varios quilómetros a uno de los mayores ríos de mi tierra, por lo que la niebla casi se podía cortar con cuchillo, aun así pudimos dar gracias, ningún animal se había cruzado en nuestro camino.
Al abrir la puerta del coche me fui gire hacia la entrada, pero estaba llena de hombres con ropas de trabajo, por lo tanto, me quede quieta con los ojos lloros, la nariz roja y goteando agüilla, agache la cabeza y trate de subirme el cuello de mi jersey de lana favorito.
(Estos aquí nos violan, me parece que esto no es para mí)
- ¡Gorrioncin! Por mas que remuevas la tierra no vas hacer un nido antes de caer congelada
La voz era potente, sin duda de hombre, me fue imposible contenerme y di un salto instintivo hacia atrás, asustada, levante la mirada sin alzar la cabeza, pero lo que me encontré no era una persona, la palabra gigante me salio a la mente ocupándolo todo.
Por Dios, ¿cuanto media aquel hombre? Sus compañeros apenas les llegaban al pecho, me creería que media cinco metros, aquí no dinamitan nada, llaman a ese para que rompa las rocas a golpes.
Esta vez quise salir corriendo donde fuera, ya no eran nervios, era pánico, aquel hombre se había aproximado a mí sin darme cuenta, no sabia que hacer, fue cuando vi que no hacia mas que arrastrar el pie sin mover la punta por el suelo, ¿Por qué tanta vergüenza?, era irracional sentirme de esa forma, el estomago hecho un nudo, y los brazos como si me los hubiera aprisionado una prensa, por no hablar de la sensación que tenia de no ver absolutamente nada …. Bueno no era así exactamente, mas bien es como cuando te pones una gorra con el ala demasiado baja que no ves casi lo que tienes delante, estaba atontada. Levante la cara para mira a la suya, Dios santo, de verdad era enorme, claro esta no era no era un gigante… pero casi.
- Ya se que soy grande vida, pero tampoco es para eso, mas vale que cierres la boca, me llamo Rubén, vamos a dentro gorrioncillo que te vas a congelar y de paso te calmas un poco.
Me tomo del brazo y me acompaño hacia el interior, no recuerdo como llegamos a las oficinas, que no lo eran, sino un almacén muy desordenado, yo no hice mas que mirar al suelo, vi a aquel hombretón moverse de forma pesada mientras que me decía alguna cosa que no llegue a captar, me ofreció una taza de café con unas cuantas galletas de chocolate, preferí no pensar en nada mientras me tome primero las galletas arañando con la uña del dedo meñique los trozos de chocolate y luego me tome el café, al levantar la cara me di cuenta que el sostenía su mirada sobre mi, fue cuando note por el calor en mis pómulos que estaba sonrojada. ¿Siempre eres tan tímida, gorrioncillo?
- Marta
- ¿Qué dijiste?
- Que me llamo marta
- Por fin hablas vida, pensé que eras muda aparte de tímida…. Tranquila tomate el café, si quieres te pongo más, tendrás que ir a personal, pero no te apures, a estas horas todo el mundo anda ocupado con mil cosas y nadie te echara de menos en un buen rato. Una pregunta pitufina, ¿solo tienes esa ropa….? Lo digo porque como no tengas algo más ligero vas a pasar calor.
- No traje una mochila con mis cosas, pero creo que me las deje en el coche.
-Rubo, deja a la muchacha y vete sacando las estaciones anda, no creo que este muy tranquila teniendo cerca un gorila como tu.
- Eres Marta ¿verdad?, bueno termina tranquila, vas a estar con nosotros … bla bla bla
La persona que había interrumpido era un hombre como de unos cincuenta años, no menos de cuarenta y cinco, poco más alto que yo no atendí muy bien lo que me decía, pues volvía a tener la mente sin capacidad de atender a nada… otra vez, capte algo de que tenia una hija de mi edad, escuche su voz como cuando estando en parque alcanzas a escuchar una música tras los ruidos de la ciudad. Cuando estaba por terminar la segunda taza de café, alce la mirada y me fije lo delgado que era, parecía que se fuese a romper, fue cuando me sobresalte con el ruido de un todo terreno grande y una furgoneta que no había visto hasta el momento.
Otra persona entró en el almacén, la furgoneta blanca se calo y todo quedo en silencio justo cuando el recién llegado comenzó a hablar en voz alta, eso hizo que su voz pareciera un estruendo, lo que provocó que me alterase nuevamente.
- chavala, ¿aun estas así?, vamos que no tenemos todo el día, ya tendrias que estar lista, tienes dos minutos para meterte en la furgoneta y que te lleven al tajo.
El abuelo, pensé cuando vi levantarse de la mesa al hombre que me habia acompañado en mi segunda taza de café. Después de eso recuerdo que me cambie de ropa y algunas personas más que me hablaron, pero ni idea.
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