Sentía como el agua aumentaba el peso de mi ropa, causando esa sensación tan incómoda cuando por sorpresa te cae un chaparrón, el pelo lo tenía alborotado, y para completar el ridículo, estaba espatarrada. Como se suele decir, estaba hecha un adefesio ante los ojos de Azucena, que mantenía sobre mí una mirada entre la sorpresa y la diversión.
- Parece que venimos por una princesita y nos topamos con una ranita jugando en su charca.
Ni que decir tiene que me sonroje por completo, pues se repetía la escena, trate de incorporarme, pero resbale en el agua, para cuando Javi me socorrió, ya había quedado de manifiesto cuan patosa podía llegar a ser, aun así, toda mi vergüenza pasó junto al resto de sensaciones que tenia.
A la media hora me había duchado y vestido, y para mi sorpresa, Azucena me pidió que la dejase peinarme, sus manos acariciaban mi pelo a cada pasada del cepillo, y yo con los ojos cerrados, era feliz como nunca en mi vida. Nos montamos en el coche, y como a la media hora sin siquiera saber a dónde nos dirigimos, llegamos al aparcamiento de un bar retirado a las afueras de la ciudad.
No lo pude evitar, de mi garganta salió un grito de sorpresa, cuando la puerta de comedor trasero se abrió. Estaban todos, mis amigos del trabajo charlando entremezclados con los compañeros de clase y la pandilla que solíamos pasar las fiestas nocturnas del fin de semana. No faltaba nadie. Del techo, colgaba una pancarta donde se leía… gracias por dejarnos ser parte de ti. Los aplausos resonaron en la sala tan altos como intenso se hizo mi rubor.
Poco a poco, el alboroto, se transformo en el inevitable cumpleaños feliz y llenando mis ojos de lágrimas, me sentí pequeña y tremendamente feliz. Todos mirándome mientras que Azucena impedía tiernamente que ocultase mi cara a los asistentes. Echaba de menos la presencia del mejor y más antiguo amigo, hasta que terminada la canción, se hizo un pasillo entre los asistentes a la fiesta, y en el medio de ese corredor, apareció, y junto a él, la persona más alta que conocía y uno de mis mejores amigos, parecían el punto y la i, cosa que me saco una sonrisa, sentí alejarse a Azucena, lo que me produjo un gran desconcierto y decepción, pero mi hermano ocupó rápidamente el lugar que había dejado vacio la retirada de Azu, aun así, sentí un pinchazo de mi estomago como queja de su marcha.
- Marta, cariño… puesto que tú eres un regalo para todo el que te conoce, déjanos regalarte algo a ti. Y abriendo un estuche pequeño, colocó un anillo en mi dedo, la impresión me dejo helada, incluso pare de llorar, era una preciosidad, pequeños diamantes rodeaban tres esmeraldas engastadas e un delicado anillo de oro blanco, seguidamente me dio un beso en la mejilla, al fondo sonó una voz.
- Los demás también queremos besos y abrazos de ese angelito, barios rieron cuando mi amigo se enrojeció.
Tenía el alma llena de alegría y felicidad el corazón, pero mi cara enrojecía como pocas veces lo había hecho. Cuando aquella mole se acerco con otro estuche aun mas grande.
- ¿No que, gorrioncin?, yo movía la cabeza negando, pues tenía pinta de ser otra joya cara, y la verdad, lo más valioso para mí era el cariño de aquellas personas. El tenía fama de tener mal carácter, muchos le temían, no en vano era la primera vez que dejaba a alguien pataleando de un perchero hacia cosas similares cuando lo hacían enfadar. Y aun así, todos reconocían que era más cordial desde que nos conocíamos, le cambiaste, marta, me solían decir, y el respondía con una especie de gruñido amenazador saliéndole desde la garganta.
- Mira marta, continuo diciendo, sabes que no me gustan mucho este tipo de cosas, así que no lo pongas mas difícil, que no hay retrovisores, pero si percheros. (en una ocasión insistí en darle un beso a la vez que le gastaba bromas en el descanso, termine colgada de un retrovisor de excavadora por la capucha de mi anorak). Le saque la lengua a modo de respuesta, y con una sonrisa me acarició la nariz.
- bicho, dijo al tiempo que habría el estuche, como tu eres una joya de por si, y te regalaron otra…, aquí esta la tercera, y saco un collar con colgante a juego con el anillo, me abrazo dando un beso en la coronilla para después acariciar el pelo de mi flequillo, como solía hacer, después me coloco el collar en el cuello y me volvió a besar, me saltaron las lagrimas de alegría otra vez, y me abrace a su cuerpo. Fue en ese momento cuando la escuche, ella me había cantado esa misma canción en su casa algunas veces cuando me veía triste, si Azucena era guapa, buena e inteligente, su voz al cantar no desdecía en nada de todo aquello, tenia potencia sin dejar de tener un tono dulce, y ahora, después de una eternidad para mi, volvía a escucharla…. Esos ooojos negrooos, no los quiero ver llorar….
Cuando termino, Javi se acerco a ella y tomo el micro…
Seguro estaría planificado, porque un amigo mío, que había estudiado en el conservatorio, se acerco aun piano llevando unas hojas que situó sobre el instrumento.
- Por favor, dijo Javi, por favor, y el murmullo paro otra vez, yo no se cantar ni tengo voz como Azucena, así que voy a pedirle que cante otra canción, pero esta vez a dúo con marta.
- Haber si se nos muere de un sofocón, todos rieron al comentario de Lorena.
-Por favor, repitió Javi, todos conocemos a marta y el hecho de estar aquí hoy celebrando su mayoría de edad, aun a pesar de tantas obligaciones, demuestra el cariño común que la tenemos.
Nuevamente aplausos que me elevaron por las nubes a la vez que incendiaban mi cara, esta vez me escondí entre los brazos de Javi.
Haber, por favor, darla un respiro, que no podrá cantar, como decía, la conocemos todos, y seguro que compartiréis totalmente la letra que nos cantaran las dos, no recordaremos el pasado, creo que la letra expresara lo que todos sentimos hacia ella.
Azucena me acerco al piano llevándome con su mano alrededor de mi cintura. Tarde en poder reponerme, no quería defraudar a nadie, pero una vez que escuche mi voz junto a la de Azucena, me fue sencillo seguir.
Chiquitita sabes muy bien…
Sin duda, esos ojos negros, de Duncan du y chiquitita, de Abba, siempre me serán muy queridas…
¿Qué había hecho yo para merecer tanto cariño? En aquel momento, cantado junto a Azucena, vi a mas de una persona intentando limpiar o contener lagrimas, hasta que las mías me impidieron verles por mas tiempo, mi voz no tembló, pues era gratitud, cariño y felicidad lo que me había llorar, sobre todo eso amor por Azucena.
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