viernes, 29 de mayo de 2009

la vida de una esclava VII

Las notas musicales procedentes del piano, fluían cálidamente por el comedor del restaurante, como todo el ambiente en general, invitaba a la charla intima que sostenía con mi mejor amigo, por una vez me había hecho caso, claro que esta vez había tenido la ayuda de su novia Silvia, entre las dos, conseguimos que se vistiese de traje y corbata, las dos vestíamos de largo, yo tenía puesto un vestido de color azul que dejaba la mitad de mi espalda al aire, y el pelo suelto, cubría buena parte de la desnudez, unos zapatos abiertos de tacón fino y unos delicados pendientes que hacían juego con el anillo y el collar regalados por mis amigos cuando alcance la mayoría de edad, hacia ya dos años, Silvia besó tiernamente a su novio, luego me miro y los tres sonreímos.
Habíamos pasado la velada charlando amigablemente sobre casi todos los aspectos de nuestras vidas.
Había mucha diferencia, el amor que él había sentido hacia mí, era un recuerdo, ahora, los dos éramos felices, pues mis depresiones eran ahora muy escasas y de poca consideración. Eran buena pareja y hacían bien en casarse, y eso justo estábamos celebrando.

El con su traje y ella con su vestido rojo hacían una hermosa pareja. Cruce mi pierna izquierda sobre la otra, baje mi mando para acariciar la pulsera con las iníciales de Azucena, tenía el cierre soldado con el fin de evitar que nadie pudiera sacarlo, era una joya del mismo materia que mis pendientes, las letras producían un sonido suave al caminar, como esas campanitas que ponen en las puertas de algunos comercios, en resumen, era la señal Con la que marcaba a sus esclavas, aunque en este momento solo había una persona que la llevase. Me valía acariciarla para que cualquier tristeza se me pasara casi de forma inmediata.
-¿Y para cuando te veremos con pareja, Marta?
-Yo por ahora me conformo con verla alegre y feliz, que mucho pasamos juntos en tan
Poco tiempo.
Yo sonreía dichosa, únicamente tenía el fastidio de no poder contar sobre mi condición de esclava y lo feliz que era.
-Si, amor, viendo a marta, no me la figuro sufriendo tanto en el pasado. Joven, guapa, simpática y risueña como se la ve.
-¿Te escuchare cantar, martita?
-Si… claro, Silvia, conteste yo sonrojada.
Pero no te creas que sea para tanto, tienes un novio un poco exagerado.
-No es cierto y lo sabes Marta, tantos años que nos conocemos, que no me puedes engañar
- oye, me tienes que decir como lo haces, Marta.
-¿El que, Silvia? – pues que lo tienes todo, hasta terminaste la carrera antes de tiempo, y tiene fama de ser difícil, así que no me puedo imaginar cuanto más el hacer dos años en uno.
-Va, solo es peritaje, además, teniendo la profe en casa y en el trabajo, tiene mucho menos merito.
-Supongo, Azu y tú sois grandes amigas, ella estudió ingeniera, ¿no?
-ajam, de caminos, respondí llena de orgullo y rubor a Silvia.
Y mis recuerdos volaron por mi mente haciéndome recordar una noche de agosto cuando tenía dieciocho años.

Aquel verano, era el segundo que pasaría trabajando y viviendo con Azucena. Concretamente, recordé la noche de un sábado al regresar a casa, las dos juntas, después de varias de fiesta. Había pasado la noche mirando a Azucena, se lo estaba pasando bien, reía y bailaba despreocupadamente, por supuesto en la empresa, era raro verla así, aunque siempre tenía un trato amable con las personas a su cargo, aun cuando tenía que reñir a alguien, no levantaba la voz, pero en aquella noche, su apariencia seria no se veía por ningún lado, al igual que yo con mi amigo, ella conocía a José desde la más tierna infancia, el tenia algo en la mirada que daba miedo, su expresión era cálida, y su trato, aunque amable, imponía respeto.
La amistad e intimidad entre los dos era palpable, perfectamente visible una complicidad mutua. En varias inspecciones al local, pude ver a varios hombres mirándoles, era patente el magnetismo de aquella mujer por la que yo deseaba y estaba dispuse a dar lo que fuera y lo que me pidiera, me estremecí al pensar en su rechazo si se enterase, y decidí no contarlo nunca a nadie, pasaría la vida junto a ella como amiga hasta que ella decidiese crear su familia o se cansase de mi. Pensando y reafirmándome en estas cosas, baile con José unas cuantas veces, al igual que con algún otro conocido que aparecía de forma imprevista, no estaba triste, pues me era difícil ese estado de ánimo con Azucena cerca de mí, pero si algo ausente.
Decidieron dar la noche por terminada, de regreso a casa lo pase en silencio y algo tristona mientras miraba a mi amada amiga conducir en la noche. Llegamos a casa y nos sentamos en el sofá del salón.
- Marta, vida, siéntate aquí.
La abrace por la cintura y recosté mi cara sobre su hombro, ella comenzó a acariciarme el pelo y habló.

- Me quieres mucho ¿verdad?
- Ajam
-Y no solo como amiga, ¿me equivoco?. No respondí pero comencé a tiritar.
Tesoro, no te alejare de mi por nada, tranquilízate, todo mi ser la obedeció instantáneamente, luego me dio un beso en la frente. Yo también te quiero, vida. ¿Sabes cariño?. No tienes porque entristecerte, algunas personas sienten igual que tú cuando te tumbas cerca de mis pies, es complicado aun siendo mayor el aceptar ciertas cosas, pero cuando se lleva en la naturaleza no se puede evitar, nos confunde las primeras veces, luego cuando lo aceptamos, nos asusta o nos avergüenzan hasta que nos aceptamos a nosotras mismas.
Hubiese preferido verte reconocerlo a ti misma. ¿Prefieres que deje de hablar, corazón?.
- N….no -¿Segura, vida?, no quiero forzarte a nada – No lo haces, Azu.
Me tomo la cara, acercando la suya a la mía, me beso en la boca y su lengua se vio con el camino libre a través de mis labios, ya no fui capaz de decir ni una sola palabra, me sentía otra persona distinta a quien había sido hasta ese momento, luego se separo de mi y volvió a besar mis labios tiernamente, apenas rozándolos, se estremeció hasta mi alma, mi corazón parecía el de un pajarillo de lo veloz que se movía.
La luna, aunque atenuada por una nube, irrumpía en el salón bañándolo todo a nuestro alrededor. Había pocos sonidos, los grillos, cigarras y alguna lechuza en busca de comida, todos se apagaron, incluso mis jadeos se calmaron cuando hablo otra vez.
-Tu cuerpo reacciona al verme o al escucharme, tu mente piensa en mi y te alegra o entristece dependiendo de presencia o ausencia, ¿verdad, amor?
-ajam
- ¿Sabes lo que eso significa?
- que solo puedo vivir contigo, soy tuya, Azu
- Hace tiempo que lo eres, vida, pero únicamente porque tu lo quieres, y lo seguirás siendo mientras así lo desees
- tu…. Lo dices por compasión.
- jamás te diría algo sin sentirlo o quererlo, eres la chiquilla mas encantadora y cariñosa que conozco, vida, te quiero para mi.
- psss, haz de mi lo que quieras, lo que más deseo….. - como los esclavos del mundo antiguo, ¿crees que no me di cuenta, amor?, y lo serás, para mi. Me perteneces y no lo quiero de otra forma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario