lunes, 25 de mayo de 2009

la vida de una esclava IV

Dejamos el coche en el parquin, caminando en la tarde noche otoñal, mi hermano, su mujer y yo, llegamos a la puerta principal del teatro, siempre había querido ver interpretar una obra de teatro de verdad, hasta ese momento, tan solo había asistido a obras del colegio, era divertido incluso las confusiones en los diálogos, o cuando algún actor por los nervios tenia que acercarse hasta la posición del apuntador, provocando las risas del publico. Incluso antes de entrar se podía ver la diferencia, esto era un ciclo dedicado a los grandes escritores, las entradas estaban agotadas meses antes, había grandes actores y los asistentes, en su mayoría, vestían elegantemente, esa noche, se interpretaría mucho ruido y pocas nueces, una comedia de Shakespeare.

Nos pusimos pacientemente a la cola, hasta que nos llego el turno para la entrar, sentía los nervios en aumento y aunque la sensación de vacío que me invadía cada vez que me deprimía, no había desaparecido, si se había mitigado.

Note en mi hombro el tacto suavemente aterciopelado de una mano. – Hola peque, dijo una voz que ya me era familiar, estas muy guapa esta noche, ya tenía ganas de saber de ti, tus compañeros de trabajo no te olvidaron, ¿Cómo estás?
¡¡A…Azu…cena!!. Sin pensar en nada, me abalance sobre ella, dándole un abrazo tan fuerte como pude, hasta que de repentinamente se apodero de mi un sentimiento de vergüenza, note el rubor en mi cara y busque vanamente un sitio donde nadie pudiera verme, pero tuve que conformarme con la protección del brazo de mi hermano, que a todas luces no era suficiente para mí en ese momento.
Su dedo sostuvo mi barbilla forzándome tiernamente a elevar la cara hasta que nuestras vistas se enfrentaron.
-Ya veo que continúas siendo igual de impulsiva y tímida que siempre.
Y más corte si me lo dices, pensé yo sin dar más contestación que un aumento de rubor al tiempo que le sacaba la lengua bien apretada entre mis labios, su cuerpo se sacudió en acompañamiento de una sonrisa. Tras las correspondientes presentaciones y una breve charla, nos fuimos a nuestros respectivos sitios. Ni que decir tiene que la obra no logro mi atención, pues me pase los actos pensando en Azucena, y los intermedios esperando que se acercase a nosotros, cosa que no ocurrió.
Tenía unos once años más que yo, y eso la hacía de ella una ingeniero brillante a sus veinte ocho años años. En toda la empresa se había ganado el respeto, tanto dentro como fuera de la oficina técnica. De trato firme a la vez que respetuoso con sus jefes como con subordinados, no tenía problemas en hacerse valer, pues los resultados de sus decisiones la convirtieron en una persona de valía. Por todo ello, junto al gran magnetismo que desprendía, todos solían callar para escuchar lo que tuviese que decir, aun cuando era mera charla informal, propios y extraños solían dejar de hablar para escuchar lo que tuviese que decir.
Solía vestir de forma discreta y acorde a la situación que se podría encontrar, aun así su físico no la dejaba pasar desapercibida, su pelo, rojo como un atardecer que anuncia el buen tiempo para el día siguiente, le caía en cascadas desde su más de metro ochenta hasta media espalda. Los ojos, pequeñas aguas marinas adornadas por un halo negro, le conferían una mirada intensa en la que no era difícil perderse o sentirse intimidada… y de su cuerpo… mejor no hablar, solo con su forma de andar hacia perder la cabeza a cualquiera, era un conjunto de una elegancia y sensualidad que a día de hoy nunca vi en nadie más, su cara, directamente era la de un ángel.
Su forma de moverse… alto, quieta parada, martita, a ti las tortillas sol te gustan para comer…vale, como alimento… ainss, ¿que le ocurría a mi mente? Le encontraba doble sentido a todo... Y en lugar de prestar atención a la obra, me pasto el tiempo pensando en una mujer, solo es que me gustaría ser como ella, con lo inteligente que es, a su lado parezco una cria … aunque lo sea, pero no voy a volver por ahí, que ya me entiendo yo solita… si, si… ¡tortilla!.

-shhh, baja la voz pitu, me dijo al oído Javi.
-¿Lo dije en alto?- si Marta, ¿te ocurre algo?
- No, solo que me apeteció repentinamente una tortilla… con conejo.
-¿tortilla de conejo?, cosa más rara, ¿no habrás llegado demasiado lejos con algún amigo que te dejase con premio dentro, verdad?
- Burro, no tengo amigos de esa clase.
¿Conejo?, pensé yo de regreso a la charla conmigo misma, niña, que te gustan los chicos, ¿estas tonta?, ¿y porque entonces esas ganas de verla, y los escalofríos cuando me toca o me sonríe?, ainss… porque es agradable, parece como si me conociese mejor que yo misma…¿ y el sentirme tan desvalida y al tiempo protegida en su compañía?... bueno igual es que de verdad estoy como una cabra, aunque a fin de cuentas es como tener una hermana mayor… claro, claro, nos hicimos buenas amigas este verano pasado, no están raro; Pues no, eso raro no es, pero…¿y el pasarte toda la obra mirándola por los prismáticos y decirte a ti misma lo guapa… buena que esta?.

Tonta del culo, no te comas la cabeza y atiende a la obra… ¡la leche, que pelo!, ¡que ojo… ostris que mira hacia aquí… disimula que nos pilla, martita!

Nos encontramos nuevamente a la salida, el magnetismo de Azucena era incuestionable, no había hombre o mujer que no se fijase en ella, parecía tener luz propia, y su forma de hablar aumentaba dicha sensación. Me quede embelesada escuchándola, hasta que de pronto…

- Javier, tengo una casa cerca del trabajo, no es gran cosa, pero en el verano es agradable, seguramente llamen a marta para que entre a prácticas el año que viene, mostró tener facilidad en el trabajo, ya se lo escuche a varios.
- Lo note cuando empecé a enseñarla, además le gusta y me consta que hizo amistades, aunque eso es frecuente en ella.
- Pues si lo permites, podría venir conmigo en esas fechas, yo suelo trabajar en casa y podría aprender, ella me conto que tiene previsto estudiar peritaje industrial, creo que le vendría bien, y el aire limpio del campo, podría ayudar a evitar esas tendencias suyas a las depresiones.
- Vaya, no sabía que te hubiera contado eso, no suele hacerlo.
- Creo que hicimos grandes migas las dos, aunque cuesta sacarle las cosas, hay que hacer un poco labor de zapa con la niña esta. (No lo pude impedir, me sonrojé como un semáforo.
- No me parece mala idea, además me quedaría tranquilo al no tener que moverse por esas carreteras, y menos a esas horas, pero te seria demasiada molestia y la convivencia no suele ser fácil al principio.
- Si no se encuentra a gusto, siempre está en su mano regresar. Me sentía mareada, podía ir con ella, solo dependía de mí.
¿Me despertaría ahora? La idea de que solo fuese un sueño me encogió el corazón una vez más.
No sabía ni entendía lo que sentía por aquella mujer, era contradictorio, me sentía vulnerable y protegida, tenía miedo a su rechazo y sin embargo, la tenía una confianza ciega.
Tan bien me producía alegría cuando me encargaba hacer algo, sobre todo si era para ella, y frustración si estando yo, le mandaba a alguien hacerlo. ¿Es que no serbia yo para hacerlo?, por el contrario, veía normal que no captase su atención, pues no me consideraba gran cosa para merecer estar tan cercana a ella. Merecía ser la reina de un cuento de hadas, donde toda una corte viviese para atenderla. Ella era un modelo a seguir, a la vez que una estrella inalcanzable para una simple mortal como yo, no merecía siquiera su atención y mucho menos su amistad. Estaba claro para mí, era un ángel que había venido a la tierra para iluminar la vida de todo aquel que tenia la dicha de cruzarse en su camino. ¿¡¡¡ Y quería tenerme cerca!!!? ¿¡¡¡A mí!!!? Pero si el cielo era su regazo, su presencia, su caricia… la gloria, yo no merecía aquello. Así que… ¿Qué me ocurría? No podía ser amor, me atraían los hombres, y sin embargo, por nadie había sentido ni tanto, ni tan contradictorio, sentía con tanta fuerza, desesperación y la intensidad eran incluso superiores al miedo que había sufrido con mis padres. Me sentía demasiado pequeña físicamente para poder contener tales sensaciones dentro de mi cuerpo, y además, el pánico a que ella los descubriese.

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